20150217

John M. Bennett
TASTE THE SHADOW AT TIME’S CENTER / 6



la máscara de los 43

busqué a los 43 en el cuarto tras
ero busqué los 43 cuando se abría
el alba a los 43 busqué donde el
agua se secaba y donde el agua se
mojaba vusco y vusco los 43 por
todos los jueves del año los 43 que
busco son garabatos en la carta sin
caminos busqué los 43 donde mis
zapatos ya no andaban busqué los
43 y busqué los 43 en el mercado re
pleto de mandarinas busqué y buscaba
los 43 en la calle sin ventanas y en la
calle que no es más que ventana querría
verdes a los 43 los 43 ahogados en un
pozo son piedras que me sonríen los
43 llorosos y sin cabezas buscaba y
vuscaba los 43 en la parabrisas del
limusina y los buscaba en el guarda
fango del micro estrellado en la sierra
busqué 43 en el abecedario y en la
computadora sumergida en el mar los
busqué donde no sabía nada y donde
la nada sabía a los 43 busqué y los encontré
‘mano los encontré donde sale el sol de
su madriguera nocturna cuando sale como
tigre los busqué en el camino bíblico lirio
del valle y en el camino bobólico del monte
y ¿qué es lo que encontré? ni modo a los 43
bubusqué y buscababa así y al cabo las
ascuas encontré y busqué los 43 mas eran 43
más y ay busqué por la mano lagri mosca
del sicario igual que los busqué en mis torpezas
gringoïdes en mi pantalón meado y en el
aceite a sombrado que salía del TV los busqué
en los ojos turquesas de Tlaloc en los
enrojecidos de Cha’ac con la sangre que se
borboteaba de los dientes en el ik del
Ehecatl circular por la ventana con forma
de T los cuarenTa y Tres a los 43 los
busco en el reloj a los 43 los
busco donde el reloj no existe y donde
existe al revés donde los 43 roncan o
no roncan detrás del espejo donde mis
dedos son peces ciegos que ven lo no posible
mas es bien posible posible 43 por 43 veces
hasta el ininfinito hasta el finado múltiple
donde un ojo se abre 86 veces donde el
caimán se come la lengua en ochenta y
seis versos donde los 43 monos aulladores
se abren las bocas en el silencio y los camiones
de la carretera lejana se llenan de sangre los
busqué en el juguete en el AK43 en el
machete cortaplumas en los dólares pes
ados y en la coca sin peso los busqué en el
drogadicto tiritándose en su cama en
el fondo insondable debajo del acensor y los
busqué donde una mujer sin faz se peinaba
bajo la ceiba en flor en el centro del tiempo





 
 
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